«Venga, subíos las mangas y las perneras». El sargento de la Militsiya va al grano, sabe lo que está buscando. Estos rockeros de mierda se creen muy listos, pero este sargento va a encontrarles las marcas de la heroína y podrá empapelarlos como “asociales”. Pero estos rockeros son listos y nunca se pinchan por debajo de la rodilla. El sargento se queda con un palmo de narices. Parece que esta noche no habrá redada.

Al comenzar la década de los 80 la URSS alcanza la cúspide de la Era del Estancamiento. Con una gerontocracia instalada en el Politburó, una economía arrasada por la inversión en armamento e industria pesada y una sociedad bajo total control, no hay nada que el Estado soviético pueda ofrecer a la juventud rusa, salvo discursos grandilocuentes, desfiles que intentan mostrar grandeza, monotonía, desesperación y, en el caso de los varones, la guerra de Afganistán. Nada mejor que la canción Aerobica del grupo Alisa para describir la situación:

Uno de estos jóvenes se llama Viktor Tsoi. Nacido en Leningrado en 1962, Tsoi hizo sin pena ni gloria sus estudios primarios para después pasar a una escuela de arte, de donde acabó expulsado con 17 años por sus malas notas. Es otro más de esos jóvenes asfixiados por la URSS y su vía de escape es ponerse a escribir canciones que le saquen de la monotonía de su trabajo como encargado de la caldera de un bloque de apartamentos.

Todas las manifestaciones culturales están controladas, así que la música popular no iba a ser menos. Moscú es la capital del pop, con grupos totalmente regulados y supervisados por la censura. Pero en Leningrado, capital cultural y más cercana a Occidente, lo que triunfa es el “peligroso” rock. Se han formado varios grupos, se han organizado conciertos clandestinos y se distribuyen grabaciones caseras.

leningradrockclubLas autoridades deciden intervenir. En 1981 se crea el Club de Rock de Leningrado, el que los diferentes grupos de la ciudad podrán actuar siempre que dispongan del permiso del KGB y con censura previa de las canciones. Y una noche de 1982 sube al escenario del club Viktor Tsoi, acompañado de su amigo Aleksei Rybin y de dos músicos “prestados” del grupo Akvarium.

El nombre de Tsoi lleva ya un tiempo sonando por el mundo del rock de Leningrado por la complejidad y profundidad de sus letras, diferentes a las del rockero típico de la época. Consiguen impresionar tanto al legendario Boris Grebeshinkov de Akvarium que en las siguientes semanas él y su grupo ayudan a Tsoi y Rybin a grabar su primer disco, 45. Ha nacido el grupo que acabará siendo leyenda del rock ruso de los 80: Kino.

45, hay que reconocerlo, es un disco que si no supiéramos mirar más allá de la superficie, acabaría en la basura en 5 minutos. Los medios eran escasos y no es un sonido al que estemos acostumbrados en Occidente. Sufrimos, además, la barrera del idioma, pero hay algo que llama la atención y de alguna manera anuncia lo que está por venir.

El máximo exponente de esta sensación sería esta canción, Pepinos de Aluminio:

La primera impresión es: «caray, pues para una situación tan gris como la que describes, es una canción muy alegre». La escuchas y los pies se escapan para seguir el ritmillo y hasta te quedas con una buena sensación. Vamos con la letra:

¡Hola, chicas!
¡Hola, chicos!
Miradme desde vuestras ventanas
Y tiradme vuestros deditos, sí

Ya que yo estoy plantando pepinos de aluminio, ah,
En un campo de tela alquitranada

Tres sabios de Chukotka
Me dicen y vuelven a decir:
El metal no traerá fruto,
El juego no merece la pena
y el resultado no vale el trabajo.

Pero yo estoy plantando pepinos de aluminio, ah,
En un campo de alquitrán

Una rodilla malvada y blanca
Intenta detenerme.
Pincha la rodilla las venas,
Intentando averiguar

Para qué estoy plantando pepinos de aluminio
En un campo de tela alquitranada

Botones, clips, alfileres,
Agujeros, bollos, tenedores.
Por aquí pasarán mis tractores
Y caerán a la hucha, allí,

Donde yo estoy plantando pepinos de aluminio
En un campo de alquitrán

Seguimos igual, sin entender nada. Ahora volvamos al principio del artículo, a la escena de la redada. Es una escena inventada y no tenemos constancia de que Viktor viviera alguna vez una situación así. Pero hay algo que sí sabemos: como tantos otros jóvenes del underground de Leningrado, se pincha heroína. Como tantos otros, planta pepinos de aluminio (la jeringuilla no desechable de la época) en un campo de tela alquitranada (su cuerpo manchado por la droga).

Siempre por encima de la rodilla, para dificultar que te vea las marcas la policía. Y es que ser drogadicto en la URSS es una conducta asocial penada con campo de trabajo y reeducación.

Esta canción nos prepara ya para el universo de Tsoi, en el que una aparente inocencia oculta un mundo sombrío y sobre todo unas ansias de libertad. De libertad por sí misma, en realidad sin un mensaje político pro-democracia o anticomunista. Es tan solo el grito desesperado de una juventud que quiere vivir su vida, como nos cuenta Tsoi en otra canción destacada del disco, Elektrichka (un tipo de tren de cercanías):

Esta versión es posterior a 45 y más elaborada. ¿Qué nos cuenta esta vez Tsoi?

Ayer me acosté muy tarde, hoy me levanté temprano.
Ayer me acosté muy tarde, casi no he dormido.
Debería, probablemente, ir al médico por la mañana,
Y ahora la elektrichka me lleva allí donde no quiero ir.
La elektrichka me lleva allí donde no quiero ir.
La elektrichka me lleva allí donde no quiero ir.

En el hall hace frío, y al mismo tiempo, parece cálido.
En el hall hay mucho humo, y al mismo tiempo parece estar fresco el aire.
¿Por qué callo? ¿Por qué no grito? Callo.

La elektrichka me lleva allí donde no quiero ir.
La elektrichka me lleva allí donde no quiero ir.
La elektrichka me lleva allí donde no quiero ir.

Esta vez la metáfora es bastante evidente. La elektrichka, el Estado, arrastra a todo el mundo a donde no quiere ir, intentando hacer ver que todo está bien, cuando en realidad todo se viene abajo. Tan claro está el mensaje que esta canción no pasa el filtro y Kino no recibe autorización para tocarla en el Club de Rock.

A pesar de este primer encontronazo con las autoridades, el grupo sigue adelante. Se graba un nuevo disco, 46, lleno de experimentos que hacen que ni siquiera el grupo lo acepte como disco oficial y en 1984 el tema El Jefe de Kamchatka (una referencia al trabajo de Tsoi, siendo una Kamchatka coloquialmente la caldera de un bloque soviético de apartamentos), consolida la fama del grupo y sobre todo nos trae uno de sus temas clave, El último héroe:

La noche es corta, la meta está lejos.
Por la noche apetece tanto beber.
Sales a la cocina,
Pero el agua aquí es agria.
No puedes dormir aquí
No puedes vivir aquí.

¡Buenos días, último héroe!
¡Buenos días a ti y a los que son como tú!
¡Buenos días, último héroe!
¡Hola, último héroe!

Querías estar solo, pero eso pasó rápidamente.
Querías estar solo, pero no pudiste estar solo.
Tu carga no pesa, pero el brazo se duerme
Y saludas a la mañana jugando a las cartas.

¡Buenos días, último héroe!
¡Buenos días a ti y a los que son como tú!
¡Buenos días, último héroe!
¡Hola, último héroe!

Por las mañanas intentas huir.
El sonar del teléfono es como la orden: “¡adelante!”
Te vas allá, donde no quieres ir.
Te marchas, pero nadie te espera allí.

¡Buenos días, último héroe!
¡Buenos días a ti y a los que son como tú!
¡Buenos días, último héroe!
¡Hola, último héroe!

Algo se está moviendo en la URSS. La crisis es cada vez más patente, hay una presión continua externa e interna y los dirigentes son ancianos que a duras penas ejercen su cargo. Andrópov muere a los 15 meses de ser elegido. Chernenko solo dura 11 meses. La noche es corta y la meta está lejos. Pero llega el tiempo de los cambios y el tiempo de los héroes.

Continuará…
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