Hemos de reconocer que el contenido habitual de estas gastronotas tapiristas son quejas sobre malas experiencias de restauración o choteo general del mundillo gastronómico. Hoy en cambio en uno de esos escasos días que estamos de buenas y escribimos positivamente. Y es que la gastronota tapirista de hoy será un canto de amor a un descubrimiento reciente en Barcelona, en la calle Sant Antoni Maria Claret: el Basilea.
Hay que hacer primero de todo un lamento: el lamento de no haberlo descubierto hasta ahora a pesar de estar en un lugar por el que hemos pasado cientos de veces. No fue hasta la reciente recomendación de una amiga que supimos de su existencia. Aunque se ha de decir que si pasas por allí un día fuera de su horario de apertura, realmente es difícil de ver.

¿Y qué tiene el Basilea? Pues como pone en el cartel, fondues, raclettes, ensaladas, quesos y chocolates suizos. No vayáis a pedir una paella o una escudella. Tampoco acaba de ser vuestro lugar si sois intolerantes a la lactosa o si no os gusta el queso (parece mentira, pero existe gente así).
La autenticidad está garantizada. El restaurante está regentado por una pareja, él suizo, ella catalana y cada uno con sus funciones y papel. Él discreto y silencioso tras la barra preparando los platos y ella, todo un amor con un punto friki encantador, atendiendo a los clientes y dispuesta a explicar con todos los detalles que sean necesarios la peculiaridad de cada elemento del menú.
Y como decíamos, aquí se viene a lo que se viene

Más auténtico no puede ser, desde la cazuela hasta el quemador. Y ojo con dejaros el final que vendrá la dueña a ayudaros a rebañar todo. De las raclettes no tenemos foto porque la tenemos pendiente para una segunda visita.
Los postres muy destacables también e incluyen varios tradicionales suizos. Probamos un pastel de nata, merengue y crema de castañas que acabó de enamorarnos del lugar. En las bebidas también buena variedad de vinos y alguna cerveza suiza que no estaba nada mal.
Y no podemos por último dejar de mencionar la decoración, inspirada en carnavales suizos tradicionales. No ponemos foto porque os dejamos que os peguéis el susto vosotros también. Remate final para un lugar entrañable y que esperamos poder disfrutar muchas más veces.