La isla de Gran Bretaña tiene un curioso contraste. Mientras que en su costa noroeste es extremadamente rocosa y montañosa, en su costa sureste es una sucesión tras otra de llanuras de marea, estuarios y horizontes llanos.

Esta costa sureste es un lugar donde la geografía y la geología no son cuestiones de hace millones de años, sino de milenios e incluso siglos, lo que hace que no sea un paisaje inmutable y que cambie en tiempos históricos y que el ser humano tenga constancia y sufra esos cambios. Un ejemplo es este mapa de la era vikinga, en la que se pueden ver lugares que hoy son tierra firme y entonces eran pantanos y zonas de marea.

Una de las ciudades afectadas por estos cambios fue New Romney. Desde el final del periodo anglosajón era una de las ciudades de la Confederación de los Cinco Puertos, ciudades que a cambio de diversos privilegios reales tenían que proporcionar barcos a la Corona cuando fuera necesario. New Romney prosperó y creció bajo este sistema hasta que la Gran Inundación de febrero de 1287 cambió todo. Una tormenta azotó la costa con tanta fuerza que de un día para otro New Romney acabó destruida en buena parte y a dos kilómetros de la nueva costa.

By Clem Rutter, Rochester, Kent. – Own work, CC BY 2.5, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2304578

Y de la misma manera que la costa podía alejarse y una ciudad dejar de ser un puerto, el mar también podía adentrarse donde antes había tierra firme. Este fue el caso de Dunwich. Al igual que New Romney, era un puerto importante que atrajo numerosa población y comercio, llegando a tener ocho iglesias. Pero cambios en la desembocadura del río Dunwich hicieron que perdiera el puerto y poco a poco fuera abandonada. Cuando llegó la Gran Inundación de febrero de 1287, seguida de la Inundación de Santa Lucía de diciembre de ese mismo año, y parte de la ciudad acabó hundida en el mar, ya no tenía sentido mantener el antiguo esplendor. Otra tormenta en 1347 y sobre todo la Grote Mandrenke de 1362 se llevaron por delante centenares de casas y las ocho iglesias y Dunwich quedó convertido en un pequeño pueblo pesquero.

Ruinas del monasterio franciscano de Dunwich By Ivor Branton, CC BY-SA 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=9178967

Dunwich fue por cierto uno de los famosos “burgos podridos”, ciudades que conservaban sus antiguos privilegios a pesar de haber perdido toda importancia, entre otros el número de escaños en el Parlamento que le eran otorgados, lo cual permitía conseguir con facilidad cargos sin representatividad real. Dunwich conservó sus dos escaños hasta la Ley de Reforma de 1832 a pesar de sus apenas doscientos habitantes tras su destrucción.

Pero quizás el caso más extremo de estas tierras cambiantes sea un camino que se abre entre las aguas del mar y desaparece dos veces al día con las mareas: Broomway.

La Broomway es un camino en la isla Foulness construido literalmente sobre el mar, como se puede ver en el mapa. Construido es un decir, ya que hay todo un debate sobre si fue construido por el hombre, quizás ya en época romana, o si es un camino natural formado por una sección de terreno más firme y después aprovechada por el  hombre. Sea como sea fue durante siglos el único acceso a pie a Foulness y uno de los caminos más peligrosos del mundo que se ha cobrado al menos cien víctimas conocidas, quién sabe si más. El motivo se puede entender fácilmente con esta foto

Walker_on_the_Broomway.jpg By Qneiform – Own work, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=24401709

Al principio del camino, un cartel del Ministerio de Defensa, propietario de la isla Foulness, advierte de su peligrosidad. Tras caminar unos cuantos pasos alejándose de la costa se llega al camino en sí, que es como se ve en la foto. El primer peligro es el tiempo. El camino existe durante unas horas hasta que viene la siguiente marea. Y son tan fuertes que las aguas en su retorno son más rápidas que una persona corriendo, además de formar remolinos al juntarse con las aguas de ríos que desembocan en la zona.

Además el camino está marcado, antiguamente con palos (de ahí el nombre de broom way), pero en un horizonte tan plano puede ser difícil distinguir entre el cielo, el mar y la costa y es fácil desorientarse. Si además hay niebla, lo más sensato es no entrar en el camino. La percepción de escala y distancia cambian. Muchas veces también ocurre que desde el camino se ven las luces de la costa de Kent como si estuvieran al lado cuando está muchos kilómetros al otro lado del mar. Gente desorientada ve las luces y piensa que es la costa más cercana, con lo que acaban adentrándose en el mar y arrastrados por la marea.

Y quizás la paradoja final es que hace mucho tiempo, pero no tanto como para no haber sido vivido por el hombre, ese mar en el que puedes ahogarte si te pierdes en la Broomway fue tierra firme. En 1931, el pesquero Colinda, tras recoger sus redes a pocas millas de la costa de Norfolk, dio con un curioso hallazgo: una punta de arpón hecha de astas de ciervo. Fue la primera pista arqueológica de una tierra perdida del Mesolítico: las Doggerlands, hoy en día sumergidas bajo el Mar del Norte, pero que en su día fueron una llanura herbácea donde pastaron mamuts y bisontes y donde nuestros ancestros vivieron y cazaron. Pero esto es otra historia…