chico-ostra-metro

Dos paradas después de subir al metro, se ofreció un asiento libre. No desaproveché la ocasión, y más rápido que mi contrincante, la vieja del pañuelo en la cabeza, tome posesión de él.

De mi bolsillo delantero saqué mis gafas de pasta. De mi bolsa saqué el libro: La melancólica muerte de Chico Ostra, y lo puse en mis rodillas con cuidado.

Los vaivenes del vagón y las continuas paradas en las estaciones no conseguían molestarme. De mi bolsillo delantero del pantalón, saqué el Ipod y los auriculares. Empecé con Half Japanese. Saqué el iPhone, y me hice una foto. La subí a Twitter:

Leyendo a Burton con Half Japanese en el metro.

Me sentía lleno de placer intelectual.

De pie delante de mí, una rubia con un bonito tatuaje hacia equilibrios por mantenerse en pie. Hice una foto de la portada con la espalda tatuada de fondo. Colgué la foto en Facebook:

Libro de un auténtico GENIO.

Llegué a mi destino, y bajé del metro. Me encontré con Liz, que dijo: —He leído tu tweet. ¿Qué te parece el libro?

Le contesté: —Apenas si he podido empezar, es difícil leer en el metro. Aunque la reseña lo deja muy bien.