El 15 de agosto de 1907 Léon Deubel recogió a su amigo Louis Pergaud en la Estación de Lyon de París y le llevó al hotel donde le había reservado una habitación, en el 15 de la rue Ave-Maria. Al día siguiente Pergaud se presentó en su oficina de la Compañía General de Aguas para pasar la inspección médica y el 19 de agosto comenzó a trabajar como copista de documentos. Poco a poco y con la ayuda de amigos de Deubel, Louis se fue habituando a la vida parisina después del primer shock y la nostalgia del campo y los bosques, mientras buscaba un alojamiento más adecuado. Por fin lo encontró y el 3 de octubre de 1907 Pergaud y Deubel se mudaron al 7 de la rue de l’Estrapade. Delphine se les unió quince días más tarde, en contra del consejo de su padre. El 29 de octubre Louis por fin escribió a Marthe para comunicarle que había abandonado definitivamente el domicilio conyugal, aunque sin decirle dónde estaba.

Los días pasaban en el trabajo y las noches con Deubel y sus amigos componiendo poesía o hablando de literatura. Delphine no estaba incómoda con Deubel como Marthe pero de todas maneras deseaba más intimidad. De buen grado Deubel se marchó en febrero de 1908. Pergaud envió al editor Leon Bocquet el manuscrito de su nueva recopilación de poemas y el libro se publicó el mismo mes de febrero con el título L’Herbe d’Avril. El libro recibió buenas críticas pero no tuvo mucho éxito. Delphine decidió entonces animar a Louis a contar historias en lugar de poesía y Deubel le aconsejó lo mismo.

Pergaud llevaba tiempo trabajando en cuentos de animales y el editor de la revista belga Le Thyrse le propuso publicar uno de ellos cuando lo tuviera listo, La muerte de Goupil. Y precisamente lo que le faltaba a Louis para completarlo era tiempo. Empezó a pensar en la posibilidad de volver a la enseñanza en París para disponer de más tiempo. Aprovechando sus contactos, el director de la revista La Phalange le habló de su situación al Director de Enseñanza Primaria, el Sr. Bédorez, en noviembre de 1908. Bédorez se interesó por el caso, pero pasaron las semanas y Louis no recibió respuesta. A través de otro contacto Pergaud se enteró de que “uno de provincias” lo tenía difícil para conseguir un puesto en París y que quizás con la oposición anual de 1909 tendría más suerte.

En otoño de 1908 Marthe solicitó el divorcio y dadas las circunstancias, como la nula comunicación por parte de Louis de su paradero, el tribunal falló a favor de Marthe y sentenció que Louis debería pagarle una mensualidad de 30 francos.

Las oposiciones de 1909 se suspendieron, frustrando así el plan de Pergaud. En abril de 1909 la revista Beffroi publicó otro relato, Un viol souterrain. En junio Pergaud acudió al despacho del Sr. Bédorez, pero este no pudo ofrecerle nada. Entre finales de agosto y primeros de septiembre Pergaud marchó de maniobras con su regimiento de Belfort y Delphine aprovechó para pasar esas semanas en Landresse. Allí se reencontró con Louis y volvieron a París el 20 de septiembre.

Mientras tanto a Pergaud le asignaron una plaza en Chapelle-des-Bois, un pueblo perdido casi en la frontera con Suiza. Louis no tenía ninguna intención de abandonar París y rechazó la plaza. Llevó su manuscrito de La Muerte de Goupil a la revista Mercure de France y unos días después llegaron buenas noticias. El cuento se publicó el 16 de octubre con el título La trágica aventura de Goupil y a Pergaud le pagaron 70 francos. Y octubre aún acabó con otra buena noticia: le habían concedido una plaza de maestro auxiliar en París.

Louis y Delphine se mudaron a un nuevo apartamento en el 6 rue des Ursulines. El 5 de noviembre se publicó el primer número de L’Île sonnante, una revista en la que colaboraba Pergaud. En este primer número le publicaron el cuento L’horrible délivrance, las aventuras de Fuseline, una comadreja. El 26 de noviembre Louis comenzó a trabajar en la escuela de la rue de la Victoire. El pintor Charles Vidrac le animó a seguir escribiendo cuentos y con su nuevo tiempo libre Pergaud se puso a ello. Vidrac había quedado muy impresionado con la historia de Fuseline, sobre todo porque Pergaud no era un fabulista que humanizaba los animales, sino un narrador que les daba alma y les hacía mostrar emociones y razonamientos, aunque diferentes de los humanos, además de mostrar el mundo a través del olfato y el oído, a diferencia de la percepción humana basada en la vista y el tacto.

Pergaud envió un nuevo relato a Mercure de France, La Captivité de Margot y les anunció que tenía listo un volumen de cuentos. El director, Vallette, le pidió que se los llevara y además de publicar el relato y pagarle veinte francos, le ofreció un contrato de edición. Y no solo eso, Vallette estaba dispuesto a presentar al Premio Goncourt el libro, que recibiría el título De Goupil a Margot. Los ocho relatos del libro se fueron publicando en diferentes revistas y recibieron buenas críticas.

El 21 de julio de 1910 Delphine y Louis se casaron. El banquete nupcial fue una modesta cena en su casa con amigos. Los recién casados se fueron a pasar las vacaciones a la casa de los Duboz.

De Goupil a Margot salió en otoño de la imprenta con una tirada de cuatro mil ejemplares y Vallette lo hizo llegar al jurado del Goncourt. El 8 de diciembre y siguiendo la tradición, el jurado se reunió en el Café de Paris para cenar y votar. Tras varias rondas de votaciones, el jurado llegó a una decisión: el Premio Goncourt de 1910 fue para Louis Pergaud por su obra De Goupil a Margot.

Louis Pergaud pocos días después de que le otorgaran el Goncourt, 1910

Las críticas se sucedieron, muchas positivas, muchas negativas ya que era y es un premio que suscita muchos celos y envidias. Pero no solo entre la prensa literaria. La ex-suegra de Pergaud, la Sra. Caffot, llegó a escribir una carta a la única mujer del jurado, Judith Gautier, explicándole la mente fría y el corazón negro que se ocultaba según ella tras la fachada de Pergaud, un hipócrita que no cuidaba los valores de la familia y la lealtad. Cuando un tiempo después Pergaud visitó a Judith Gautier en su casa, esta nada más verle le abrazó y le dijo: “¡pobrecito, lo que debiste sufrir!”. Apelar al orden y la familia a Judith Gautier, casada pero en un matrimonio abierto, no fue precisamente el mejor movimiento de la Sra. Caffot.

Judith Gautier, 1910

Pergaud recibió cinco mil francos por el premio y el 30 de enero de 1911 acudió al banquete de la academia. El libro fue todo un éxito y la imprenta no conseguía satisfacer la demanda.

El 15 de abril de 1911 los Pergaud hicieron una nueva mudanza, esta vez al 5 de la Rue Marguerin. Y Louis cambió de trabajo, le asignaron un puesto burocrático en la Dirección de Primaria. El sueldo era escaso, pero al menos tenía tiempo para escribir. Y poco tiempo después tuvo listo el encargo que le había hecho Vallette de otra obra de cuentos de animales, La Revanche du corbeau, que recibió críticas favorables.

El verano transcurrió en Landresse, con tiempo para la caza y para las nuevas obras proyectadas, anunciadas ya incluso en las solapas de De Goupil a Margot. Algunas vieron la luz, como La novela de Miraut, perro de caza y otras en cambio por desgracia nunca se llegaron a escribir, como Le journal de douze lunes de la fôret, en el que Pergaud se había propuesto pasar noches enteras en el bosque en diferentes épocas y escribir sobre los sonidos de la noche y las vidas nocturnas de los animales.

Pero el otoño Pergaud se centró en dos obras: una, Le Miracle de Saint Hubert, y la otra el proyecto que llevaba tiempo rondándole la cabeza con sus recuerdos de infancia, las historias de su suegro y sus experiencias como maestro: La Guerra de los Botones. Louis entregó el manuscrito en mayo de 1912 y dedicó la obra a su amigo Edmond Rocher, que había leído las pruebas y le había contado que mientras las leía en un tren del que volvía convaleciente de una operación, le dio tal ataque de risa que temió que se le saltaran los puntos.

El libro salió de imprenta a mediados de octubre de 1912. La trama se inspira en un conflicto real por un prado comunal entre Landresse y otro pueblo, Salans, convertidos en la novela en Longeverne y Velrans. La rivalidad entre ambos pueblos deriva en que desde tiempo inmemorial los chavales de uno y otro pueblo se enfrentan en batallas campales, eso sí, fuera de la vista de los adultos ya que el código de honor exige silencio a los mayores sobre el conflicto. Esto a su vez lleva a los niños a complicadas piruetas para explicar los moretones, arañazos y sobre todo el destino que aguarda a quien se deje capturar por el bando contrario: volver a casa sin un solo botón en su ropa.

Landresse, el ficticio Longeverne de La Guerra de los Botones

 Los nombres cambian pero muchos de los bosques y prados reales están en la novela, así como algunos de los personajes. El intelectual Grillín es sin duda el propio Pergaud, su hermano Lucien se convierte en Camus y Lebrac está muy inspirado en el cuñado de Louis, Joseph Picard.

Y si Pergaud en sus relatos de animales dio “voz” a estos en lugar de humanizarlos, en La Guerra de los Botones dio todo el protagonismo y voz a los niños en lugar de ser un “narrador benevolente”, incluido el lenguaje usado en el libro, lo que llevó a Pergaud a advertir en el prefacio que “no es un libro para todas las manos ni sobre todo para los niños”:

Por tanto, no he titubeado ante la expresión cruda, siempre que fuera sabrosa, ni ante el gesto ligero, a condición de que fuese épico. He querido reconstruir un instante de mi vida de niño, de nuestra vida entusiasta y brutal de salvajes vigorosos, en lo que tuvo de franca y heroica, es decir, liberada de las hipocresías de la familia y de la escuela”.

Del prefacio de La Guerra de los Botones

Lindezas como el grito de guerra de los niños de Longeverne, “¡Que le den pol culo a los velranos!”, o frases como “no eres ciudadano porque entodavía no tiés pelos en el culo” o “dende luego las mujeres son unas guarras” acarrearon por supuesto polémica en las críticas. Pero a Pergaud no le importaba que dijeran que sus niños parecían soldados de un regimiento de la Legión Extranjera. Imbuido del espíritu de Rabelais, Pergaud les dio voz con toda franqueza y sin censuras, sin tratar de edulcorar la vida en el campo ni tampoco mostrarla como un infierno de miseria. Y a su vez lo utilizó como vehículo para criticar la pedagogía de las escuelas de la época, la violencia, las injusticias sociales o el sexismo.

1913 no empezó bien para Pergaud. Estaba enfermo y tenía problemas de dinero, así que volvió a tirar de contactos para intentar conseguir un cargo en la Dirección General de Bellas Artes. El 2 de marzo los Pergaud recibieron la visita de un deprimido Deubel que había estado viviendo en Bélgica y Alemania y no se había encontrado cómodo en ninguna parte. Y por otro lado buenas noticias; Edmond Rocher, de viaje por el sur de Francia, escribió a Pergaud para comunicarle que La Guerra de los Botones era un éxito de ventas allí. Un tiempo después, Louis fue destinado a la Dirección de Bellas Artes como deseaba. Pasó un tiempo en la oficina central para después ir al Museo Carnavalet.

Un día de junio la esposa de Charles Callet leyó un aviso en prensa en el que se buscaba a la familia o conocidos de un tal Léon Deubel, cuyo cadáver había sido recogido del río Marne. Informó a su marido y él a todos los amigos, entre ellos claro está Louis. El grupo de amigos fue a la morgue, cerca de l´île de la Cité y desgraciadamente se confirmó la noticia: el cadáver era Deubel. La autopsia confirmó el suicidio.

El 21 de junio tuvo lugar el funeral de Deubel en el cementerio de Bagneux. A los pocos días Pergaud emprendió la labor de recopilar las obras de su amigo, dispersas entre múltiples publicaciones y revistas, para hacer una edición completa. El título fue Régner y se publicó en octubre de ese año.

Ese verano Louis trabajó también en su nueva obra, que saldría publicada el 20 de noviembre de 1913: La novela de Miraut, perro de caza. El libro cuenta la amistad extraordinaria entre un cazador, Lisée y su perro Miraut, amistad dificultada por la mujer de Lisée, la Guélotte. No se puede evitar pensar si consciente o inconscientemente Pergaud quiso rememorar con este libro su amistad con Deubel y las dificultades que -según él- causó Marthe. Lo cierto es que la obra es vehementemente misógina, llegando a poner en el pensamiento de Miraut que “el que lleva pantalón es aliado y el que lleva falda es enemigo”. Asimismo, Pergaud ajusta cuentas en el libro con sus enemigos de Landresse y con los políticos locales. El libro recibió críticas muy positivas. En enero de 1914 ya se habían vendido dos mil ejemplares.

El 18 de febrero Pergaud y su amigo Machard dieron una conferencia en una jornada dedicada a la infancia. En su intervención Pergaud se dirigió a los que habían criticado La Guerra de los Botones diciéndoles que lamentaba que a él no le hubieran educado entre algodones y no haber tenido criados.

En los meses siguientes Pergaud trabajó frenéticamente en diversas obras. Parece como si hubiera tenido un presentimiento de que se le acababa el tiempo. El 28 de junio tuvo lugar el asesinato del Archiduque Francisco Fernando. El 1 de agosto Francia decretó la movilización general y Louis se preparó para partir. El 3 de agosto marchó a Verdun.

CONTINUARÁ